AL CONQUISTADOR ANÓNIMO Cierzo y candil, tocino y vino rancios, tu geografía te encuadraba en tres todos los altercados y cansancios: la plaza, la bodega y el ciprés. Pastor de puercos, plantador de esperas, ahíto de servir o de soñar, de pronto se te abrieron las fronteras y te sentiste dueño de la mar. Venías para el rey, por la fortuna, perdones y oro codiciando a una, héroe y bandido mitad por mitad. Pobre traído para matar pobres, dejabas, entre lágrimas salobres, conquistas de embarazos y orfandad. AL MISIONERO ANÓNIMO Quizás no daba más tu teología, del Reino y de un imperio servidor, salvar y conquistar la paganía, cruzado entre las armas y el Amor. La espada tu Evangelio desmentía, los yelmos apagaban tu fervor, ¡la mucha sangre de tu Eucaristía no era sólo la sangre del Señor! ¿Pudo la Pascua hacernos gente esclava? ¿Qué nueva libertad nos liberaba en las violentas aguas del Bautismo? ¿Qué paz traían tus atadas manos? ¿Hacía de verdad hijos y hermanos el Padre N...