Sin esperarlas, al meditar, aparecen pausas somnolientas, marcando el relevo de recuerdos que atesora la mente. Entre suspiros, se avivan momentos de vivencias pasadas. Son las mañanas y esa luz, que dejan, alegrías y resignada nostalgia. ...Los días llegan vírgenes al aturdimiento humano, donde el trasiego inevitable de sus dispares convivencias, viola sin menoscabo el paso de las horas. JDC. Juan Díaz Casares